EMPODERADAS

RED POR UN LIDERAZGO DE LAS MUJERES PLURAL Y TRANSFORMADOR. (Ver: Quiénes somos)

NUESTRAS LIDERESAS: Carmen Magallón Portolés

15-Magallón

UNA MUJER EN PIE DE PAZ

Carmen tiene un impresionante currículum de méritos académicos, de los que aquí transcribimos una pequeña parte, pero aún más impresionante es su trayectoria de mujer comprometida con el feminismo y la paz. Es Licenciada en Físicas por la Universidad de Zaragoza, es Doctora en Físicas por el programa de Historia de la Ciencia-Filosofía de la Ciencia de esta universidad y realizó también estudios de Psicología (UNED) y de Filosofía, Tercer ciclo, en la Universidad de Zaragoza.
Catedrática de instituto, impartió clases en varios institutos de Aragón, fue asesora técnica de formación del profesorado del Ministerio de Educación y Ciencia, coordinadora junto a Miguel Carreras del programa Ciencia Viva y profesora asociada en la Universidad de Zaragoza, impartiendo clases de Física General y cursos de doctorado y postgrado, sobre Género y ciencia y Filosofía de la ciencia.
En 2011 obtuvo la Habilitación por la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA) para el Cuerpo de Profesores Titulares de Universidad, en el Área de Artes y Humanidades.
Ese mismo año, fue elegida Presidenta de WILPF España, sección española de la Liga internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad (Women’s Internacional League for Peace and Freedom).
Pertenece al movimiento por la paz desde 1983, cuando participa en la formación en Zaragoza del Colectivo por la Paz y el Desarme. Y desde su fundación, en 1984, forma parte del Seminario de Investigación para la paz (SIP). También desde sus inicios, en 1986 y hasta su cierre, en 2001, formó parte del equipo de redacción de la revista En Pie de Paz. Y coordinadora de las Jornadas Aragonesas de Educación para la Paz, que se comenzaron a organizar desde el SIP, en 1994.
A principios de los 90, ante la guerra de la exYugoslavia, participa en la formación y actividades del grupo de Mujeres de Negro de Zaragoza, que apoya y trata de dar voz al grupo del mismo nombre de Belgrado.
Co-fundadora, en 1993, del Seminario Interdisciplinar de Estudios de la Mujer (SIEM) de la Universidad de Zaragoza, forma parte de un grupo de investigación en esta universidad sobre las relaciones entre género y ciencia.
En 1998, en Croacia, fue elegida miembro del Consejo de la Internacional de Resistentes a la Guerra (War Resister’s International) organización con sede en Londres.
De 2001 a 2013 fue Vicepresidenta de la Asociación Española de Investigación para la paz (AIPAZ).
Miembro del Consejo Asesor sobre Mujer y Ciencia del Departamento de Ciencia, tecnología y universidad del Gobierno de Aragón (2006-2011).
Miembro del Consejo Editorial del diario Público (2008-2012)
Desde el año 2003 es Directora de la Fundación SIP (Seminario de Investigación para la Paz), de Zaragoza.
La información sobre sus numerosas publicaciones se puede consultar en el siguiente enlace: http://www.seipaz.org/documentos/2015Magallon.PDF

 CARMEN RESPONDE:

-Tu trabajo en el Seminario de Investigación para la Paz es de sobras conocido, pero quizá lo es menos el que realizas en la Asociación Española de Investigación para la Paz (AIPAZ) ¿Puedes contarnos algo de él? La Asociación agrupa a centros de investigación de toda España, de dentro y fuera de las Universidades. Sus actividades pueden verse en www.aipaz.org, Mi trabajo en AIPAZ, como el de los demás, es un trabajo de coordinación, de grupo: mantener relaciones, apoyar las actividades de los centros, intercambiar materiales y personas. Hacemos anualmente unas Jornadas en las que se tratan los temas que trabajamos y que inciden en problemas del momento. Este año las hicimos en Santiago de Compostela y tratamos del comercio de armas, de cómo el negocio de las armas influye en que se mantengan guerras como la de Siria, que está en el origen del drama de los refugiados.

-Háblanos de tu vinculación con WILPF (Liga Internacional de mujeres por la Paz y la Libertad) WILPF es una organización apasionante, la organización de mujeres por la paz más antigua del mundo. En 2015 cumplió 100 años. Con ese motivo se celebró el Congreso del centenario en La Haya, en el mismo lugar en que nació. Asistimos más de 1000 mujeres de 80 países del mundo. De aquí de España, 34. Y tuvimos con nosotras a 4 mujeres Premio Nobel de la Paz: Shirin Ebadi, de Irán; Mairead Corrigan, de Irlanda; Leymah Gbowee de Liberia y Jody Williams de los Estados Unidos. La especificidad de WILPF es que trabaja para incidir en la política internacional, por el desarme, los derechos humanos, la participación de las mujeres en los procesos de paz y la intervención en tiempos de crisis. Por eso tiene oficinas en Ginebra y Nueva York.

La historia mía es que una amiga, Paz Cacho, me regaló un libro que contaba la historia de WILPF. Desde que lo leí quise formar parte. De modo que en 2008, aprovechando mi asistencia a un seminario en Ginebra fui caminando, me hacía ilusión hacerlo así, a la sede de WILPF, en la Rue Varembé, donde todavía está, y me hice socia individual. En 2011, en Entredós, un club de mujeres que hay en Madrid, un grupo de amigas del movimiento por la paz constituimos la sección española. Allí me eligieron Presidenta de WILPF España. Manuela Mesa y yo fuimos al Congreso Internacional de Costa Rica de WILPF y allí nos admitieron. En un mundo global, como éste, trabajar a nivel internacional es muy importante.

En la historia vemos muchos casos en los que los términos Mujer y Paz aparecen hermanados, juntos incluso crean una cierta sinergia que va más allá de la mera suma de significados. ¿A qué crees que se debe este fenómeno? ¿Qué opinas de ello? La unión entre mujeres y paz la interpreto en dos planos diferentes. En el plano simbólico, al haber sido excluidas históricamente de los cuerpos armados y también de las decisiones, las mujeres fuimos tomadas como símbolo de paz y también como ‘bienes a proteger’ y ‘bienes por los que luchar’. Es curioso cómo se unió simbólicamente a las mujeres, la paz y la naturaleza, cómo fueron ensalzadas desde la retórica y subordinadas y marginadas en la práctica.

En el plano de los hechos, el movimiento por la paz es uno de los que más ha movilizado a las mujeres, que se han organizado de múltiples formas para lograrla. No lo interpreto como una bondad moral nuestra, sino precisamente como fruto de un pensamiento que fue excluido y pudo pensar de manera autónoma, y por cierto más racional y civilizado, el modo de afrontar los conflictos de intereses e ideas. Desde Lisístrata hasta las Mujeres contra la guerra nuclear del campamento de Greenham Common, la Ruta Pacífica de las Mujeres Colombianas, las Viudas de Guatemala, Mujeres de Negro, Madres de Plaza de Mayo, Madres de Soacha, pasando por algunas de nuestras reinas que se interpusieron entre ejércitos dispuestos a pelear –Carmina García Herrero las ha incluido en sus escritos-, hay cantidad de ejemplos del liderazgo y protagonismo de las mujeres en la causa de la paz.

-En tu trayectoria de defensa de las mujeres que sufren conflictos armados ¿Cuál es la experiencia que más te ha conmovido? Fue en los años 90, en medio de la guerra de los Balcanes. La red de Mujeres de Negro, que tenía un grupo muy potente en España del que formábamos parte bastantes mujeres de Zaragoza, organizamos un encuentro en Mérida. Allí llegaron ocho mujeres de Bosnia que hablaron de sus vivencias, de las violaciones masivas de mujeres –fue a consecuencia de esa guerra cuando se denunció por primera vez la violación como limpieza étnica ante Naciones Unidas-, del sufrimiento de una población que llevaba años conviviendo sin problemas. En un momento dado, una de ellas nos hizo llorar a todas, más de cien asistentes, al mencionar cómo el puente romano de Mérida le había recordado al de su ciudad, recientemente destruido en un bombardeo. Ella se llamaba Rada Zarkov. Lo conté en mi libro Mujeres en pie de paz. Todavía me estremezco al recordar sus palabras, que no me resisto a incluir aquí.

Ayer en Mérida, viendo el puente romano y sintiendo vuestra ternura, me sentía como en Mostar y (sollozando…) no podía evitar pensar en el puente de mi ciudad que el 8 de noviembre de 1993 fue destruido después de cinco siglos. No quiero ser víctima. Sólo me desahogo entre las mujeres que son mis hermanas”.

-¿Tienes en mente algún proyecto como la revista En pie de paz que hace un par de años ha sido digitalizada? En mente tengo proyectos pero poco tiempo en la práctica. Dedico mucho a mi trabajo en la Fundación SIP, al trabajo en WILPF España, que no tiene a nadie contratado por falta de fondos, y a colaborar con muchos tipos de publicaciones (capítulos de libros, revistas…). También a cuidar a mi madre, que va a cumplir 95 años.

Pero sí. Tengo en mente escribir un libro sobre el feminismo pacifista y otro sobre la historia de WILPF, éste con Sandra Blasco, una joven historiadora, también de WILPF que ha investigado las relaciones de la Liga con mujeres españolas. Me alegra que me lo preguntéis. Así, al decirlo, aumenta mi compromiso para hacerlo.

-¿Qué significa para ti el empoderamiento de las mujeres? Para mí significa situarse ante el mundo, es decir ante cualquier problema, asunto, tema, proyecto, política, etc., siendo consciente de que tenemos un legado, una tradición histórica, que es plural y múltiple, pero propia. Y que eso nos permite pensar por nosotras mismas. Por supuesto, una mujer siempre puede ser, pensar y comportarse como ‘un hombre más’. Y está en su libertad hacerlo. Pero para mí, el empoderamiento de las mujeres radica en situarse en un paradigma propio, para pensar y hacer. Como decía Virginia Woolf, cuando le preguntaron qué podían hacer las mujeres para evitar la guerra. Y ella dijo, cito de memoria: “lo mejor que podemos hacer las mujeres para evitar la guerra es no repetir las palabras y los métodos de los hombres”. Pues así, en todo. Lo que no quiere decir ni que no tengamos coincidencia con el pensamiento y el hacer de muchos hombres, ni que no tengamos que trabajar junto a ellos. Cada día más, los problemas, incluida la violencia machista, hemos de abordarlos juntos.

Empoderarse es no tener miedo a añadir el más que, a menudo, podemos aportar las mujeres.

-¿Qué opinas del liderazgo que desarrollan las mujeres en la actualidad? Creo que estamos en un momento muy interesante. La sociedad ha asumido muchos planteamientos que fueron lanzados por las mujeres, las jóvenes están entrando en la política con más ganas, y con aires nuevos. Es cierto que a la vez que ha impregnado la sociedad, el feminismo como movimiento se ha difuminado. Pero globalmente la riqueza de organizaciones, voces, iniciativas y potencialidades de las mujeres del mundo es inmensa.

-¿Cuáles son los mayores retos que te has encontrado como activista feminista? En el plano global, el feminismo, como he dicho antes, ha tenido éxito. Es la única revolución que ha conseguido objetivos, sin sangre. Bueno, voy a corregirme: la rebeldía de las mujeres está en la base de las que mueren en manos del machismo, es decir, sí hemos tenido sangre: la nuestra. Pero se ha avanzado mucho. No obstante, lo que se ve en la historia es que puede retrocederse. Pensemos en Irán, por ejemplo. Antes de la revolución iraní, las mujeres gozaban de mucha más libertad que después, había un potente movimiento feminista en el país.

A nivel personal, mi activismo ha estado muy relacionado con el trabajo intelectual. Pues bien, mi tesis sobre las Pioneras españolas en las ciencias fue bastante controvertida cuando la leí en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Zaragoza. A algunos, que las mujeres fueran tomadas como objeto/sujeto de estudio no les parecía relevante. Más tarde, he tenido muchas satisfacciones a cuenta de esos primeros disgustos: el libro correspondiente fue publicado por el CSIC y ha tenido dos ediciones; en la Residencia de Estudiantes de Madrid, y en otros lugares, he compartido mesa de intervenciones con uno de los pesos pesados en Historia de la ciencia, y crítico inicial; la Residencia me llama a menudo, por ejemplo ahora que hay una magnífica exposición llamada Mujeres en Vanguardia, y que invito a visitar, he participado en el Catálogo y en una de las mesas de ponentes. Además, a raíz de ese estudio inicial, se abrieron muchas otras tesis y trabajos, que tiraron de los hilos iniciales que él sacó a la luz. Y, sobre todo, algunas de las primeras científicas españolas, que conocí ya nonagenarias, y sus familias, me transmitieron y me siguen transmitiendo un cariño que compensa de lejos los sinsabores.

-¿Y los mayores logros? En la pregunta anterior, ya he dicho algo. Algunos logros se han dado también en el terreno de visibilizar a las mujeres constructoras de paz. A raíz de la creación de WILPF España, estamos dando a conocer la historia de esta organización, en este país, que ha estado tan aislado internacionalmente; estamos incorporándonos a la corriente internacional.

Para mí, es importante ver cómo el protagonismo de las mujeres en la construcción de la paz es ahora reconocido por Naciones Unidas, a través de la Resolución 1325 y siguientes. Y que España esté involucrada a través de un Plan Nacional, que aún no es muy conocido. No es un logro personal sino de un movimiento internacional, pero es verdad que las mujeres de la revista En pie de paz, de las que formé parte fuimos las primeras en impulsar este protagonismo. Y que personalmente fui la primera en dar a conocer la 1325, a través de escritos e intervenciones. De todos modos, queda mucho por hacer.

¿En qué momento te parece que están hoy las mujeres españolas? Creo que las españolas están participando en ese deseo de cambio que las últimas elecciones han mostrado que es mayoritario en la sociedad española. Estamos en el deseo expreso de participar en el cambio. Ahí estamos. Defendiendo lo logrado y empujando para borrar los retrocesos, que también los ha habido.

¿Qué les dirías a las más jóvenes? Que no olviden ni desdeñen la historia de las mujeres. Que traten de conocer y reconocer a las que contribuyeron al saber en todos los campos, y pelearon para lograr lo que ahora tenemos. Ahí está esa estupenda película, Sufragistas, como pequeña muestra. Pues todo lo que somos, las libertades y derechos de los que disponemos, se los debemos a ellas.

Y que no olviden a las mujeres de otros países. Que todo lo que sucede a una mujer en cualquier parte del mundo reverbera, repercute en todas las demás. Que, en medio de la diversidad, pluralidad y conflictos entre nosotras (que, por supuesto, los hay, como no podía ser menos) seguimos siendo un movimiento global.

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